Luna sol y agua



Cuéntame, ¡oh!   musas la historia de la mujer cangrejo.

Que da de sus libros a los silenciosos viajeros.

De aquella sabía que contiene los misterios de las profundas aguas.

Cantadme ¡oh!  musas, con vuestras liras sobre el rayo de luna que sirve de lumbrera a su biblioteca.

Que sea vuestro relato y la embriaguez del vino.

Quien cuenten cómo un día se encontraba mi alma en aquel recinto atiborrado de libros, sedienta y entristecida buscaba su sabiduría.

Ella con sus trémulas pinzas sostuvo un libro donde el río se secaba y la sed no podía ser saciada.

Mi mente siguió sus palabras

- leed aquel libro.

Decía su voz.

- Porque del agua que aquí se narra pertenece a vuestros caudales.

Mis ojos no podían leer entre las líneas, sin abrir su boca pude escuchar su profunda voz.
- No leáis, porque no es lenguaje simple, comprended los símbolos.

El libro me mostró al ocaso dos hombres que galopaban hacia una gran montaña.

 Donde había sabiduría, para que supiese yo cómo reavivar el caudal casi seco.

Al llegar a la montaña pude sentir la dulce brisa.

Y como una pequeña llama se encendía en lo profundo de mi, calmando la tristeza de mi alma,

Uno  de los hombres que estaba subido en su caballo fumo de su tabaco y con la sabiduría de su humo me dijo.

- La montaña nunca dejará secar el caudal, siempre podraís saciar tu sed,

subid a su cima  y contemplad todo de manera distinta.

Que vuestra   alma reciba la dulce brisa y la luz del astro exuberante te iluminen.

Deje de observar el libro, pososé mi mirada en los ojos de la mujer cangrejo, el sol y la luna eran reflejados al igual que una profunda sabiduría.

Ella solo dijo.

- se un viajero silencioso y volved cuando quieras.



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