El payaso y los globos.
Os contare la historia de tu vida y la mía,
la historia de la multitud, de la cantidad y lo particular,
la historia del nacimiento y la muerte.
Una historia inenarrable, pensaras.
Pero la hemos repetido por tantos eones,
que se asemeja a un
pequeño parpadeo del dios Morfeo.
hemos caminado muchos senderos, buscando el verdadero fin,
hemos subido grandes cerros, pero se nos ha olvidado blandir
la espada y descender por ellos,
atrapados entre el pegote de la multitud, y aquel payaso dormilón
que infla globos sin cesar.
Globos de mil colores, que proyectan imágenes fugases,
todo como un pequeño parpadeo…
Allí hemos estado entre el pegote de la multitud, viviendo,
muriendo y volviendo nacer.
Caminando en círculos por tantos eones como las infinitas
estrellas y los universos.
Como los infinitos soles y moléculas, como los números y las
células.
Entre esos interminables viajes una que otra persona ha alcanzado a escuchar
el sonido de una
trompeta, ha logrado ver al ocaso un jinete que cabalga a
Pegaso, sostiene la espada de
Excalibur y tiene
un anillo de oro en forma de araña, los que han galopado con él, han experimentado la libertad de la mente y
el cuerpo, saben el placer de explotar esos globos molestos y estar
en el silencio, han descubierto otra senda, un camino interior.
El jinete les ha enseñado a unir la luz y la oscuridad, les ha
instruido el camino del sur y del norte.
Allí es cuando esa historia termina porque es inenarrable.

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